por Jada Gimenez, RN, CCM
¿Qué es la resistencia a la insulina?
La insulina es una hormona producida en el páncreas. Su función principal es regular los niveles de glucosa (también conocida como azúcar en la sangre) del cuerpo. La resistencia a la insulina es una disminución de la sensibilidad del organismo a la insulina. Si el páncreas puede producir suficiente insulina, incluso cuando hay resistencia a la insulina, los niveles de azúcar en la sangre se mantendrán normales. Sin embargo, con el tiempo, la disminución de la sensibilidad a la insulina puede provocar niveles elevados de azúcar en la sangre.
Las células del cuerpo utilizan la glucosa como fuente de energía; cuando los niveles de azúcar en la sangre aumentan debido a la resistencia a la insulina, esto significa que las células no pueden utilizar toda la glucosa para obtener energía. La glucosa elevada en sangre puede contribuir a cambios en el peso y aumentar el riesgo de desarrollar algunas afecciones de salud, como la diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) y la enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA).
¿Quiénes están en riesgo de desarrollar resistencia a la insulina?
Según estudios recientes, aproximadamente 1 de cada 3 adultos estadounidenses puede tener resistencia a la insulina. Se necesita más investigación para comprender completamente qué causa esta condición y cómo se desarrolla. La genética es uno de los factores conocidos. Los científicos han logrado identificar varios genes que hacen que las personas sean más o menos propensas a desarrollar esta afección.
Un historial personal o familiar de obesidad, prediabetes/diabetes tipo 2 y SOP también aumenta el riesgo. El uso prolongado de ciertos medicamentos, como los esteroides, que provocan niveles elevados de azúcar en la sangre, también puede incrementar el riesgo de desarrollar resistencia a la insulina. Sin embargo, los dos principales factores contribuyentes parecen ser el exceso de grasa corporal y la falta de actividad física. Las investigaciones han demostrado que el aumento de peso puede empeorar la resistencia a la insulina, mientras que la pérdida de peso tiene un efecto positivo sobre esta condición.
¿Cómo se diagnostica la resistencia a la insulina?
La resistencia a la insulina puede ser diagnosticada por su proveedor de atención médica. Por lo general, el profesional revisará su historial de salud personal y familiar, realizará un examen físico y solicitará algunos análisis de sangre.
Los signos comunes de resistencia a la insulina que el proveedor de atención médica buscará incluyen etiquetas cutáneas y cambios en la coloración de la piel (comúnmente en las axilas y el cuello). También es probable que solicite estudios de laboratorio que incluyan pruebas de sangre como niveles de glucosa en ayunas, prueba de tolerancia a la glucosa, niveles de insulina, prueba de A1c (esta prueba proporciona un promedio de los niveles de glucosa en sangre durante los tres meses previos) y un perfil lipídico.

¿Qué puedo hacer para prevenir, tratar y mejorar la resistencia a la insulina?
Dado que el exceso de peso y la falta de actividad física son los principales factores que contribuyen a la resistencia a la insulina, abordar estos aspectos ha demostrado ser eficaz tanto para mejorar la condición como incluso para reducir el riesgo de desarrollarla. A continuación, se presentan tres áreas en las que enfocarse:
Alimentación saludable
Aunque no existe una dieta comprobada para prevenir o mejorar la resistencia a la insulina, las pautas generales de alimentación saludable incluyen llevar una dieta bien balanceada, centrada en alimentos integrales, y limitar ciertos carbohidratos. Intente reducir el consumo de alimentos procesados con alto contenido de azúcar y grasa, y sustituir los granos refinados por opciones integrales en lugar de pan o pasta blancos, arroz blanco y cereales azucarados. Procure incluir verduras en cada comida cuando sea posible. (Consejo profesional: para quienes son selectivos con la comida, intente licuar verduras en un batido… ¡haga clic aquí para recetas!).
Mantener un peso saludable
Las investigaciones han demostrado que incluso una pérdida de peso modesta del 5 al 10 % del peso corporal total puede generar mejoras significativas en condiciones relacionadas con la obesidad, como la presión arterial, el colesterol y los niveles elevados de azúcar en la sangre. Haga clic aquí para ver una guía de estrategias comprobadas para la pérdida de peso.
Mantenerse activo
La Asociación Americana del Corazón recomienda que los adultos realicen al menos 150 minutos de actividad física de intensidad moderada por semana. Para comenzar a aumentar su actividad física, trate de encontrar formas de mantenerse activo que disfrute. Piense fuera de lo común y considere actividades como el baile, el pickleball o la natación. También puede buscar maneras de aumentar la actividad durante sus tareas diarias: estacionarse un poco más lejos, hacer un viaje adicional al hacer compras, etc. Antes de comenzar una nueva rutina de ejercicio, es buena idea hablar con su médico sobre qué tipos de actividad son adecuados para usted.
Para más información consulte nuestro articulo, “Los beneficios del ejercicio en los niveles de colesterol”